PRIMEROS AUXILIOS

Sin pretender que esto sea un manual de primeros auxilios,  a continuación se exponen algunas notas elementales acerca de qué hacer, y qué no hacer, cuando nos encontramos  con alguien que ha tenido un accidente volando.

 

Como es lógico, lo que nos encontraremos será a una persona con traumatismos o heridas varias, que pueden abarcar el amplio abanico que va desde un simple arañazo, hasta una pérdida total de consciencia con parada cardiorrespiratoria, o incluso una lesión medular importante. Y por supuesto, nerviosa o asustada.

 

Desde el punto de vista de nuestra actitud para con el herido, debemos intentar tranquilizarle intentando disimular nuestro propio nerviosismo con frases y tonos de voz que no le alteren, e intentando que las personas no necesarias para su asistencia se retiren del lugar para evitar que se pueda sentir aún más agobiado por la situación.

 

Valoración de sus constantes vitales:

 

Consciencia.

 

Puede darse el caso de que el herido se encuentre en un estado de inconsciencia o semiinconsciencia.

El estado de inconsciencia se define como aquel en el que el cerebro tiene temporalmente abolidos parte de sus actos reflejos y no responde a estímulos externos tales como preguntas e incluso pellizcos o dolor.

En el estado de semi-inconsciencia o desorientación el cerebro se encuentra tan solo aturdido, y el herido muestra acciones torpes y confusas.

Debemos de valorar muy bien en cual de estas dos situaciones se encuentra para intentar describírsela a los servicios de urgencia a los que pedimos ayuda, pues les será de gran utilidad y prepararán mejor su actuación. Para ello le preguntaremos a la víctima si puede escucharnos y si responde con lucidez o se encuentra aturdido, si no responde a esto, debemos de intentar provocarle alguna reacción de dolor o autodefensa, como pellizcarle o acercarle con brusquedad la mano a los ojos para ver si al menos cierra los párpados. Ello nos ayudará a valorar su estado.

 

La peor situación que nos podemos encontrar se da cuando el herido esta en estado de sock producido por ejemplo por un fuerte traumatismo o una hemorragia ( sock hipovolémico ) que ha hecho que su cerebro no reciba la cantidad de sangre necesaria para continuar funcionando  y se colapse.

 

Dado que no conocemos el alcance real de sus lesiones, si la persona esta inconsciente, DEBEMOS CONSIDERARLA Y TRATARLA COMO SI TUVIESE UNA LESIÓN MEDULAR, por lo que en todo momento debemos de intentar NO MOVERLA. Pero si nos viésemos obligado a ello porque haya entrado en parada y por su posición fuera necesario recolocarla para iniciar las maniobras de reanimación, debemos considerar siempre, como una sola pieza, el eje CABEZA-CUELLO-TRONCO, por lo que debemos evitar cualquier tipo de desplazamiento de cualquier parte de este eje con respecto a los otros, es decir, moverla considerando estos tres puntos como un bloque completo. Para ello debemos solicitar la ayuda de al menos otras dos personas más para controlar el movimiento coordinado de la cabeza-cuello, columna y cadera.

 

Si la víctima tiene pulso y respira pero esta inconsciente, debemos de colocar su cabeza ladeada para evitar que pueda atragantarse con un vomito, un cuerpo extraño, o la propia lengua.

Si hay algún signo o sospecha de lesión medular ( p.e. relajación de esfínteres ), colocar al herido en posición lateral de seguridad, es decir, entre varias personas y respetando la inmovilidad del eje cabeza-cuello-tronco, colocar al herido apoyado sobre unos de sus costados, y con el codo y rodilla de las extremidades opuestas al costado en contacto con el suelo, flexionadas, para así mantener una posición de equilibrio y seguridad ante un posible vómito que pudiera asfixiar al accidentado.

 

Atención, tras una pérdida de consciencia como consecuencia de un golpe en la cabeza y una posterior recuperación, es necesario mantener al herido bajo estricta vigilancia médica , ya que es posible que pueda entrar nuevamente en ese estado en las horas posteriores al accidente, e incluso en coma.  El sueño y los vómitos son señales de ello.

 

 

Pulso y respiración. Reanimación cardio-pulmonar.

 

 

A continuación y después de valorado su estado de consciencia, debemos de controlar el resto de sus constantes vitales ( pulso y respiración ).

 

Respiración.

 

 Para valorar la respiración acercaremos nuestra cara a la suya para intentar oír el murmullo producido, al tiempo que observamos su pecho y abdomen para ver si se mueven. Si la exploración indica una parada respiratoria debemos de saber qué lo produce, y para ello empezaremos por lo más sencillo, es decir, observaremos que boca y faringe no están obstruidas por un cuerpo extraño ( p.e. una dentadura, un caramelo, un vómito ). Igualmente comprobaremos que no es la lengua la que tapona las vías respiratorias, ya que su relajación en estado de inconsciencia y tumbado boca arriba, puede llegar a obstruir la faringe. Para evitarlo realizaremos una HIPEREXTENSIÓN, que consiste en tirar con una mano de la nuca hacia arriba ( con suavidad, por supuesto ), al tiempo que con la otra empujamos la frente hacia abajo. Esto facilita el paso de aire por la faringe, incluso podemos introducir los dedos en la boca de la víctima y presionando sobre la lengua, tirar de la mandíbula hacia arriba para facilitar aún más el paso de aire.

Si vemos que la respiración se restablece, giraremos ya la cabeza a un lado en previsión de que un vómito o una flema pueda producirse y complique las cosas de nuevo.

 

Si la respiración no se restablece, insuflaremos aire 2 veces y valoraremos de nuevo. Si hay pulso, pero no respiración, iniciaremos el BOCA a BOCA.

 

Para ello, manteniendo la cabeza en posición de hiperextensión sujetaremos con una mano su frente, y con la otra su nuca, a no ser que su boca este fuertemente cerrada y sea necesario  abrir la mandíbula. A continuación taponaremos su nariz y comenzaremos a insuflar aire por su boca, pero no más de dos segundos, ya que el resto del aire que introduciríamos estaría ya viciado por nuestra propia respiración.

Todo esto debemos hacerlo al tiempo que observamos el movimiento de su tórax, que debe subir. Si solo es su abdomen el que sube, es síntoma de que el aire no llega a los pulmones y es desviado a su estómago. Comprobar de nuevo la posición correcta de hiperextensión, y de nuevo también, la permeabilidad de las vías respiratorias, y si no vemos nada, puede ser que el objeto que produce la obstrucción este a un nivel más profundo. Si esto es así, iniciar maniobra de desobstrucción. ( Tumbado boca arriba y con la cabeza de lado,  mano sobre mano y apoyamos el talón de la misma en la boca del estómago, presionar de forma seca y enérgica de forma oblicua, es decir, hacia abajo y hacia delante  al tiempo. )

 

Pulso.

 

Debemos tomarlo en el cuello,  justo a los lados de la tráquea, en las arterias carótidas. No es conveniente hacerlo en la muñeca o tobillos, ya que si es débil, podemos no llegar a sentirlo o confundirlo con el nuestro al presionar con lo pulgares.

Si sentimos pulso, podemos seguir haciendo el BOCA a BOCA hasta que el accidentado recobre la respiración, 1 cada 5 segundos más o menos.

Si no hay pulso debemos realizar un masaje cardíaco externo.

 

Para ello, mano sobre mano, colocarlas con los brazos rectos y perpendiculares al tórax en la zona final del esternón ( que no al final ) y presionar de forma seca y rítmica con la intención de comprimir el corazón entre el esternón y la columna. Pero además, debemos combinar estas compresiones con la reanimación pulmonar, y para ello, haremos 15 compresiones rítmicas por cada 2 insuflaciones. Esto es un ciclo de reanimación.  Cuando lo hayamos repetido 4 veces, comprobaremos de nuevo pulso y respiración. Solo debemos detener nuestros intentos de reanimación cuando se recuperen las constantes vitales, cuando estemos extenuados, o cuando un médico certifique su muerte. Mientras tanto, debemos seguir intentándolo.

 

Debemos saber, además, que si existe una hemorragia aguda, se hace necesario detenerla mediante compresión o torniquete antes de empezar el bombeo cardíaco, ya que de lo contrario, el masaje complicaría más las cosas.

 

NUNCA ABANDONAR A UNA PERSONA QUE HA ENTRADO PREVIAMENTE EN PARADA AUNQUE HAYA RECUPERADO SUS CONSTANTES, PUES PUEDE VOLVER A ENTRAR EN ESTA SITUACIÓN.

 

 

 

Continuamos con la exploración.

 

Cuando hayamos resucitado al herido podemos comenzar a hacer una segunda valoración de sus heridas o lesiones. Puede ser que las lesiones sean muy evidentes por la salida de sangre, bultos, deformaciones o hundimientos, temperatura, color de piel, sudoración, etc… , pero puede que éstas no lo sean tanto, por lo que iniciaremos una búsqueda ordenada comenzando por la cabeza y tocando con nuestras manos en busca de esas señales hasta llegar a los pies y extremidades.

Si durante el examen vemos que ha habido relajación de esfínteres, es posible que haya habido una lesión medular, por lo que valoraremos la movilidad y sensibilidad del herido, tomando especial precaución si ha de moverse, aunque mejor no hacerlo si no es estrictamente necesario.

 

 

En el caso de que encontremos traumatismos, estos pueden ser de diversos tipos.

 

En las extremidades.

 

Con los esguinces actuaremos inmovilizando la zona afectada, al tiempo que la colocaremos en posición elevada para evitar en lo posible la hinchazón. Si es posible, aplicar frío.

 

Si es una luxación ( salida de un hueso de su articulación ), inmovilizaremos tan solo, en ningún caso intentaremos reducirla.

 

En el caso de fracturas, éstas pueden ser de muy diverso tipo, algunas de ellas muy peligrosas por las complicaciones que pueden acarrear.

 

La fractura puede ser cerrada, si no hay rotura de piel y salida del hueso al exterior, o abierta, si sucede esto. Alineada si solo es la fractura, o desplazada si los músculos y tendones tiran del hueso desplazándolo de su posición.

Pueden producirse daños circulatorios o rotura de vasos sanguíneos por el propio hueso, produciendo hemorragias internas o externas, y por supuesto, infecciones, especialmente en el caso de fracturas abiertas.

 

De forma general, para actuar en estos casos lo más importante en inmovilizar el miembro afectado, retirarle anillos o pulseras o cualquier objeto que puedan impedir la circulación debido a la hinchazón, parar hemorragia si se diese el caso, y cubrir la herida con apósitos estériles para impedir infecciones. Por supuesto no intentar reducir la fractura y trasladar al herido cuanto antes a un centro hospitalario.

 

Traumatismo de cráneo y cara.

 

Estos son especialmente delicados debido a que pueden afectar a nuestro sistema nervioso central.

Sus síntomas son la alteración del estado de consciencia, dolores de cabeza, vómitos, y salida de sangre o liquido cefalorraquídeo ( transparente ) por oídos o nariz ( posible fractura craneal ).

En este caso, vigilar continuamente constantes vitales y mantener la permeabilidad de la vía aérea asegurando el eje cabeza-cuello-tronco.

 

 

 

 

Traumatismo en la columna vertebral.

 

Pueden producirse como consecuencia de golpes directos sobre la columna, caída sobre glúteos, giros  bruscos o torceduras  en el cuello, e incluso caídas a gran altura sobre las plantas de los pies que producen una compresión de la médula espinal. Difícilmente pueden apreciarse deformaciones en la espalda, por lo que sus síntomas más evidentes suelen ser la imposibilidad de mover algunos miembros, insensibilidad u hormigueo, incontinencia de esfínteres, falta de reflejos, e incluso erecciones involuntarias en el caso de varones ( priapismo ).

 

Las primeras ayudas pasarán en primer lugar porNO MOVER AL HERIDO, y solo si es absolutamente necesario, hacerlo respetando la inmovilidad del eje cabeza-cuello-tronco. El traslado y movimiento del herido ha de hacerse en una superficie rígida y entre varias personas que impidan desplazamientos entre los tres puntos del eje.  Como es evidente, lo más apropiado es esperar a que acuda personal cualificado para realizar estas maniobras dado lo delicado de las mismas.

 

Hemorragias.

 

Diferenciar qué tipo de vaso esta afectado.

Si la sangre es de color rojo intenso y fluye a impulsos con cada latido del corazón, será una arteria la vía afectada. Si es más espesa, oscura y fluye de forma constante, será una vena. Los capilares afectan a áreas más extensas y salen en forma de sábana.

 

Actuar ante una hemorragia externa.

 

Debemos de evitar a toda costa el shock hipovolémico  o pérdida de la consciencia como consecuencia de la disminución del volumen de sangre en el cuerpo, especialmente en el cerebro.

Para ello ayudará que tumbemos al herido colocando sus piernas por encima del nivel de su cabeza para que no se desmaye ( posición antishock ).

Efectuaremos presión directa sobre la herida y elevaremos el miembro afectado para disminuir el flujo de sangre que escapa por la herida.

Si no cesa el sangrado con presión directa, presionar la arteria o vena afectada.

Si vemos que con la presión sobre la vena o arteria que consideramos implicada no cesa el sangrado, puede que estemos aplicando mal la presión, es decir, variar la posición por encima, o por debajo de la herida puede hacer que éste sea más efectivo.

 

El torniquete.

En último caso y como último recurso en caso de amputaciones o grandes heridas, recurrir al torniquete, pero tener en cuenta lo siguiente:

Es una medida extrema, aplicarlo solo si todo lo anterior ha fallado.

No utilizar una cuerda o alambre fino, mejor un pañuelo, corbata o una cinta ancha.

Apuntar siempre la hora en la que ha sido aplicado.

No liberarlo, salvo en presencia de un médico.

 

Si la hemorragia es interna, dada la dificultad de valorar qué vaso esta dañado y como comprimirlo, lo mejor es vigilar sus constantes y trasladarlo rápidamente a un hospital.

 

 

Heridas punzantes en tórax o abdomen.

 

En el caso del tórax, una herida perforante produce un neumotórax abierto, o lo que es lo mismo, la entrada de aire en la cavidad pleural, lo cual produce un fuerte dolor y dificultades respiratorias.  En este caso NO DEBEMOS EXTRAER el objeto que produjo la punción en el caso de que aún siga en el mismo lugar, sí intentar inmovilizarlo. Tampoco debemos dar de beber al herido.

En el caso de que sea el abdomen el afectado, actuar de la misma forma.

 

 

PROTOCOLO DE ACTUACIÓN GENERAL.

 

1ª posibilidad

 

Comprobamos estado de consciencia

Si la víctima no responde

Comprobar si respira

Si no respira

Comprobamos la presencia de objetos extraños en boca o conductos, realizamos dos insuflaciones y comprobamos de nuevo.

Si sigue sin respirar

Comprobamos pulso

Si tiene pulso continuar insuflando al ritmo de 12 veces minuto hasta que retorne a la respiración espontánea. Si no tiene, comprobar la existencia de alguna fuerte hemorragia y contenerla, y después comenzar con las maniobras de reanimación ( 15 compresiones por cada dos insuflaciones (X 4)) y comprobar  hasta que pulso y respiración retornen.

Después realizar una exploración general y contener en primer lugar las hemorragias.

Inmovilizar de forma segura hasta la llegada de personal sanitario.

 

2ª posibilidad

 

El herido esta inconsciente pero respira y tiene pulso.

Colocar al mismo en posición lateral de seguridad considerándolo en todo momento, y por seguridad, como afectado por lesión medular, y continuar con el resto de la exploración.

 

3ª posibilidad

 

Esta consciente, respira y tiene pulso.

Examinar, contener hemorragias, inmovilizar miembros afectados.

 

 

 

 

 

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